Reseña: Revlon en Graceful

¡Otoño por fin, señoras y señores! No se imaginan la felicidad que me embarga, aunque no soy tan inocente como para pensar que esto significa que los días de 35º C se han ido para siempre. Vivir donde vivo garantiza un veranito a mediados de mayo sin que le tiemble el pulso a ningún meteorólogo.

Con el frío inminente en la cabeza, salí a la caza del famosísimo Scandalous de Revlon, esmalte reseñado hasta el hartazgo desde que salió allá en el Norte bajo ese y otro nombre que ahora no recuerdo. Y así como con Satin Taupe, lo tuve en la mano y dije “No sos vos, soy yo” ante la mirada estupefacta de la No Tan Joven del Mostrador.

Bajo la misma colección hay otros dos esmaltes con glitter que no me llamaron la atención. Pero también hay uno cremoso que evoca al color usado (también hasta el hartazgo) para pintar las casas de los primeros countries de mi provincia, allá lejos y hace tiempo. Ni marrón, ni blanco, ni gris, ni beige. Así es Graceful, un color que de buenas y primeras no te dice nada. Sabiendo que había un 78,52% de probabilidades de arrepentirme, me llevé la botellita de nada a casa.

Parecido, pero hasta ahí nomás, a Steel Grey de Rimmel, Graceful se embandera en los greige y también tiene la propiedad de tirar más para lo cálido o lo frío según lo que tenga cerca. Es un color super comodín, pero no es fácil de llevar y me imagino que en algunos tonos de piel más vivaces puede quedar complicado.

La botellita es la tipiquísima de Revlon y el pincel es el mismo de siempre, nada de qué quejarse respecto a esto. La fórmula, eso sí, es de temer. Súper espesa, se deposita en modo cebra en la primera capa. No importa cuánto amor y prolijidad una le ponga al asunto, hace lo que quiere.

En ese momento una debe resistir el impulso de arrojarse en un mar de quitaesmalte y proceder, previos dos siglos de secado, a la segunda capa. No te digo que queda prolijísimo, pero la situación mejora abismalmente. En mi perturbado esquema mental, Graceful es mi equivalente a las francesitas ajenas (yo las odio, al menos en blanco). Queda neutro, elegante, incuestionable. Ámolo.

Con base y topcoat ya llevo cinco días sin novedad. Para terminar de experimentar, lo usé en las uñas de los pies y quedó divino. Es casi una ironía que, siendo el esmalte endemoniado que es, lo primero que se me ocurra al mirarlo puesto sea prolijidad. Ah, paradojas de la vida.

Resumiendo: dejando de lado el tema de las rayas, es un color poderoso y sutil a la vez. Sospecho que lo voy a exprimir, yoga mediante, este invierno.

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7 pensamientos en “Reseña: Revlon en Graceful

  1. hace una hora volví del centro con el POPULAR de esta misma colección. lo estoy probando y me encanta hasta ahora. (espero q siga así xq m costó $40). fui a la perfumería sólo x éste pero también vi el SCANDALOUS y el GRACEFUL y ya estoy pensando en comprarlos tamb. esto de los esmaltes es totalmente adictivo!!!

  2. Me lo compré y pensé lo mismo que vos, dije un nude más para mi colección, segura? Pero entonces la vendedora me lo dejó probar y fue la gloria, tuvo que venir conmigo. Me gusta mucho solito, pero también tengo ganas de estamparlo con diferentes colores o combinarlo con neones o metálicos.

    Te mando un besote!

    • Tengo un… cómo se llaman estas cosas que no son glitters sino palitos flotando en base transparente? Bueno, uno de esos, medio plateado, para probar sobre Graceful. Me parece que van a quedar de 10 juntos.

Comentar es gratis y hace bien. Bah, no sé, fijate.

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