Reseña: Maybelline en Acid Plum

Mi vida está teniendo matices bizarros últimamente.  Nada malo, pero sí cosas fuera de lo común. Tanto así que me sentí en la obligación moral (?) de comprarme un esmalte civilizado para una serie de reuniones con gente que no necesita conocer mi pasión por los verdes y el ombre style manicuril. No sé a quién echarle la culpa de este rapto de sumisión a las buenas costumbres.

Así fue que llegué a mi Farmacia Amiga (donde algunos esmaltes son más baratos que en Perfumería Amiga). La primera señal de alarma fue que nada me motivaba demasiado, ni del lado civilizado ni del otro. ¿Soy yo o los esmaltes vienen medio aburridos/redundantes? En fin, la cosa es que, confundida con las luces brillantes del mostrador, terminé cediendo ante la culpa judeo-cristiana (??) y salí de FA con Acid Plum.

Viéndolo de reojo y dando crédito al nombre, puedo decir que es un ciruela oscuro. Ya de frente y con la mano en el corazón, es marrón rojizo desganado.

Lo ves en la foto y me decís que es medio morado, pero no. Ya sabemos que mi cámara sigue su propia agenda y gusta desbandarse cromáticamente.

La segunda señal del apocalipsis llegó con la aplicación. La primera mano es La Desigualdad misma. Probé haciendo capas finas, gruesas, medias, poniéndole música clásica de fondo, pero nada. La segunda mano le pone onda, pero no alcanza, no al menos para alguien que roza el TOC cuando de uñas se trata. Sí seca rapidísimo, coherente con el gigantesco 40 que decora el envase. No sé si menos de un minuto, pero es veloz. Ahora bien (S. del A. III), el acabado es rarísimo. Como soy muy astuta saqué las fotos después de ponerme el topcoat, pero les puedo decir que es como un… no sé si vieron la… no, en realidad como si… bah, no sé, es raro. Como plasticoso.

En cuanto a la duración, no sé. Un día y medio después empecé a notar un nanúsculo descamado (S. del A. IV). Visible al microscopio pero no notable. Cualquier hija de vecino hubiera aguantado un par de días extras. Yo no. No podía, entre el color y el bordecito mordido, no daba para más.

Y digo “el color” porque yo quería que se viera como esto:

Pero, como la vida no está hecha de flashes, se veía así:

¿Ves que es marrón? Si bien es un color que a más de una le quedaría bien y usaría con gusto en estos tiempos invernales, no es lo mío. Por eso después volví a las andadas y compré un color que, aunque discreto, es como si lo hubieran hecho pensando en mí. Ya se van a enterar.

Resumiendo: cumple lo que promete y seca a las chapas. Demanda paciencia y es aburrido, pero no es espantoso. Como diría una filósofa contemporánea, lo dejo a tu criterio.

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Comentar es gratis y hace bien. Bah, no sé, fijate.

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